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No más obras maestras – A. Artaud

Acabo de caer en la biografía de wikipedia de Antonin Artaud y no puedo evitar la tentación de colgar por aquí este fragmento sobre las “Obras maestras”:

“Uno de los motivos de la atmósfera asfixiante en que vivimos sin escapatoria posible y sin remedio -y que todos compartimos, aún los más revolucionarios- es ese respeto por lo que ha sido escrito, formulado o pintado, y que hoy es forma, como si toda expresión no se agotara al fin y no alcanzara un punto donde es necesario que las cosas estallen en pedazos para poder empezar de nuevo” 

Este autor defiende que las obras maestras, culpables de la decadencia del teatro (Nota mía: dice el teatro pero podría ser cualquier cosa), están reservadas para un círculo selecto, dejando a un lado a la mayoría de la población. Estas obras, dotadas de gran valor por este mismo círculo, fueron buenas para el pasado, pero su maestría no se corresponde con la actualidad. Tenemos derecho a decir las cosas de un modo personal, que corresponda a la sensibilidad actual y que todos podamos comprender. No podemos responsabilizar a la sociedad de no entender los clásicos, sin cuestionarnos siquiera si estas obras siguen vigentes. 

Se acusa a la multitud, cuando es esta élite la que pone distancia entre ellos y el arte a través de la idolatría de las obras del pasado, algo que defiende como característico del conformismo burgués. El público percibe la verdad cuando se muestra, pero no es ya momento de buscarla en la escena, sino en la calle. Los creadores son responsables del poco valor otorgado al teatro en la actualidad: “El propio Shakespeare es responsable de esta aberración y esta decadencia, de esta idea desinteresada del teatro: una representación teatral que no modifique al público, sin imágenes que lo sacudan y le dejen una cicatriz imborrable”

Este fragmento que me he encontrado en el blog de Pedro García Olivo tampoco tiene desperdicio:

«Defender una cultura que jamás salvó a un hombre
de la preocupación de vivir mejor
y no tener hambre
no me parece tan urgente como extraer
de la llamada “cultura”
ideas de una fuerza hiriente
idéntica a la del hambre»

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