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Agricultura química vs Permacultura

Texto escrito por Jaume Coll Hernandez

La agricultura tradicional acarrea grandes esfuerzos y gastos de tiempo y energía, además de comportarnos una dosis de químicos respecto a los que no se necesita ciencia para darnos cuenta de que son tóxicos para nosotros desde el momento en que son en los alimentos el residuo del veneno con el que se mató a cuantos elementos se consideró obstáculo en el cultivo hasta llegar al fruto: las “malas hierbas”, insectos etc

Ante estos inconvenientes tan graves debe haber una solución. Y lo es la misma fuerza de la naturaleza. Aunque pueda parecer a priori extraño, en esto es muy esclarecedor el psicoanálisis. Que postula que en el psiquismo siempre hay una pulsión u otra pujando por manifestarse y ante eso la respuesta habitual es la represión. La cual acaba volviéndose en contra porque lo reprimido siempre va a pujar por manifestarse y eso significa un esfuerzo y desgaste constante intentando impedirlo… hasta que se agotan las fuerzas conscientes y lo inconsciente finalmente se plasma. Ante eso Sigmund Freud tuvo la genialidad de encontrar la solución en la Sublimación. Es decir, en usar esa pulsión del inconsciente canalizándola hacia lo que se desea. En ese sentido la agricultura tradicional es represión total. Herbicida para reprimir las “malas hierbas”, plaguicida para reprimir las plagas etc. En cambio la permacultura tiene la genialidad de operar en armonía con el principio de Sublimación. Veámoslo.

La naturaleza es una pulsión. Concretamente es una actividad constante pujando por la vida -como se ve en la inmensa y entrañable labor de polinización de las abejas, el crecimiento constante de las hierbas etc- y la respuesta de la permacultura consiste mucho más en crear las condiciones para que la naturaleza haga el trabajo del agricultor. ¡Está genial!
Esto en oriente se le llama Wu-Wei. Usar las fuerzas de la situación a favor propio. Y es lo que hacía el japonés Masanobu Fukuoka cuando plantaba diferentes cultivos en un mismo terreno y entre otras muchas ventajas no tenía el problema de las “malas hierbas”. O cuando en vez de labrar elaboraba bolitas de barro con compost y semillas y las esparcía. Luego de lo cual, con la lluvia la bolita se disolvía y la semilla quedaba bien plantada ¡hasta enterrada con la distancia óptima y un refuerzo de nutrientes en el compost!!Eso es mucho más parecido al proceso natural de germinación y crecimiento de plantas. ¡Y mucho más liberador!!!

Otra de tantas ventajas de éste enfoque es que la misma comprensión de la operatoria a nivel de agricultura es extrapolable a cualquier área de la vida. Pues en toda situación hay una pulsión rectora. No hay situación en la vida que no implique el desafío de canalizar hacia lo deseado lo que en principio está orientado hacia otro lado. Domar un caballo, captar el interés de la gente hacia tu producto, en artes marciales usar el golpe del rival (la pulsión) para retornárselo en contra (es decir, a tu favor). Siempre se trata de una misma cuestión: El arte de dirigir la pulsión en principio orientada hacia algo ajeno hacia lo propio. Aprovechar a favor propio las fuerzas de la situación.

Como en el caso de la permacultura, que no se pelea contra la pulsión de vida de la naturaleza sino que usa eso a favor de los cultivos que interesan al agricultor. Hay miles de motivos más por los que la permacultura es la solución a los inconvenientes de la agricultura tradicional. Afortunadamente tantos que son inabarcables en los límites del formato artículo. Sin embargo sí alcanza para poner de relieve que tal cual vimos, la permacultura aporta enormes beneficios en cuanto a la eficacia (conseguir el objetivo en sí) y sobre todo vimos que en cuanto a la eficiencia (la rentabilidad de medios empleados a tal fin. El margen de beneficio entre lo obtenido y los recursos empleados para ello). Por eso la permacultura es liberadora. Porque practicada inteligentemente aporta mucho con muy poco esfuerzo.


Este artículo ha sido escrito por Jaume Coll Hernandez.

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