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Ooooh… Porto

Estas navidades he estado en Oporto con Ali y con Bernat. Es la primera vez que visitaba el país y me ha quedado muy buen sabor de boca así que quería compartir contigo mis mejores microexperiencias. Las microexperiencias es un concepto que hace tiempo que manejo, son momentos pequeñitos, sutiles,  pero que, si uno se esfuerza en recordar, son la verdadera esencia de los viajes. En realidad de la vida entera.

1. Cambiar palomas por Gaviotas. El sonido de las gaviotas tiene ese componente mágico que te recuerda que estás cerca de un puerto, los lugares más maravillosos del planeta porque mezclan mis dos grandes pasiones: los ríos y el mar.

2. Azulejos en las paredes. Como valenciano el tema de los azulejos lo tenemos bastante a mano pero allí no lo usan en el suelo sino en las paredes. PERO, mecagondios, no solo es eso, es que LOS HACEN CON RELIEVE!!! Malditos portugueses.

3. No saber decir obrigado (gracias) de forma natural durante 5 días. Sentirte un poco artificial al decir una palabra tan rematadamente fácil y acabar diciendo “gracias” para no hacer el ridículo. Esta microexperiencia es de mis favoritas.

4. Una raya en el puente. Si ya has estado en el puente ese que va directo al teleférico sabrás a qué me refiero (en realidad creo que no, Ali no se dio cuenta). El puente está a una altura considerable y por él pasan trenes y personas, pues en ese puente, en la zona entre la zona de trenes y de personas hay una separación de unos 5 centímetros donde no hay nada, el vacio.

5. Tourist Trap. Acabar en una terraza que es una puta trampa para turistas. Es que no aprendemos, hay una ley universal para reconocerlos al instante: si un camarero se acerca ti mientras pasea con un menú del sitio y te invita a sentarte NO te sientes, huye como alma que lleva el diablo, es una trampa.

6. La Francesinha. Es un sandwidch que te vuela la cabeza. Muy típico de por allí. Buenísimo. 

Y ahora mi favorita

7. Tirar de estas manetas para cerrar puertas. Muchísimo mejor que un paño.

Como decepción del viaje está el no haber visto tantos bigotes como esperaba. Me habían contado que allí era algo muy típico. Pero bueno… por lo demás todo perfecto. 

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